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- Apología de los puntos cardinales

(Fragmento)

.

I

Antes de que los peces hurgaran en las costas

con la memoria deshecha, el gesto sobrecogido

y los páramos secaran sus primeros muertos,

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[antes de nosotros, inclusive,

cuando no teníamos nombre]

.

cuando el Cosmos se extendió, negro mantel,

por los 3.1416 lados de la mesa [1]

y en la tierra fragmentada como pan se hizo la noche

los amantes ya se acariciaban.

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No se fue la luz, pero como un pájaro dormido

abrió un silencio gris en el estruendo

y se apagó una vela, el cuarto en luto.

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Nos gustaba el aire.

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Abrimos cada uno de los párpados

y suave era el azul como una niña

y era la lluvia como un traje verde.

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Éramos los clavos en la cruz,

eso cuanto había entre océanos,

hielos, montes, oros, aguas, piedras,

cuarzos como ofrendas e incensarios.

Uno en uno, transfigurados siglos

configuraron el tiempo, lo vistieron de navío

y decidieron de pronto que debía izarse al mar.

Nuestras piernas, ángulos, compases,

estaban entreabiertas. Las aristas de la infinitud.

Quirún hizo otra vez a cabalgatas

las líneas todas de las latitudes,

sendas espirálides que mojan

hondas y calladas procesiones.

Hablaron Hunahpí e Ixbalanqué

Amo, amas, amare, amavi, amatum óuna hoz de pájaros celestes

cortaba las esquinas de los cielos y la tierra.

Astrónomos que flechan las planicies de este Oeste,

.

la oliva del olvido era su oliva,

el canto de los cántaros su canto,

la almendra de la alondra era su almendra.

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Y así fueron pobladas de sudor las catedrales.

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[1] Todo era perfecto y redondeado,

un clamor de génesis perpetuas

las percusiones del Pi.